En estos años, pese a la crisis económica y a las restricciones por la pandemia, los espacios culturales alternativos han reforzado su carácter aglutinante, construyendo conexiones territoriales en sus barrios a través de circuitos y acciones conjuntas, así como redes de contención y lucha frente a un estado municipal ausente o limitante del desarrollo natural de estas organizaciones.
Con este libro, Nicolas Bourriaud busca contribuir al surgimiento de una estética inclusiva que requiera un aprendizaje de la mirada finalmente descentrada, en el seno de un universo plurivalente, donde se incluya a los no humanos.
Este libro ofrece análisis de subrayada pericia a un conjunto de corpus discursivos para dar cuenta del fenómeno de la violencia generizada, con incontestable alcance "aplicado", si con este término aludimos a las consecuencias sobre la formulación de políticas de acción de los colectivos de la sociedad civil, y también de políticas públicas, si se desea revertir los dominantes órdenes relacionales violentos.
En Argentina la implementación de programas fundados en la educación inclusiva de estudiantes con discapacidad en los niveles de escolaridad obligatoria sigue siendo una deuda del sistema educativo.
¿Se puede denunciar a la policía a una paciente que acude al hospital buscando ayuda médica en una emergencia (por ejemplo, con un aborto en curso) porque alguien entiende que esa paciente cometió un delito?
Mientras se van moderando los ecos de la crisis sanitaria provocada por el covid-19, sus consecuencias económicas y sociales más profundas están todavía lejos de haberse revelado por completo.
La sociología nació con el impulso de pensar un tiempo de cambios profundos, en el que las sociedades del Antiguo Régimen se resquebrajaban rápidamente para dar paso al naciente capitalismo industrial.
Contaminación de los ríos, embriones congelados, coronavirus, sida, agujero de ozono, robots… ¿Cómo comprender estos "objetos" extraños que invaden nuestro mundo?
Desde la foto que un padre o una abuela toman del recién nacido en la sala de maternidad, pasando por las experiencias que se comparten en redes sociales, las reseñas o calificaciones de películas, hoteles o restaurantes, el self-tracking que registra cuánto corrió una persona en una semana, hasta el activismo feminista, social o ambiental y las campañas políticas, todos y todas estamos cada vez más condicionados, directa o indirectamente, por los fenómenos que se dan en el entorno digital.
A medida que la crisis climática se intensifica, científicos, activistas, abogados, investigadores y movimientos sociales ensayan respuestas literalmente contra reloj.
Un surtidor de YPF y garrafas de Gas del Estado en las Malvinas, relaciones más o menos fluidas entre isleños y argentinos, maestras que enseñan español en Puerto Stanley, vuelos semanales a Comodoro Rivadavia, isleños que viajan a Buenos Aires para hacer tratamientos médicos, a Córdoba para completar el colegio secundario, a Bariloche para pasar sus vacaciones.
Una mujer cis huye y su rastro se pierde; una mujer trans no está porque el hombre que la mató también la ocultó; un joven pobre del conurbano quedó atrapado en las fronteras del sistema penal, un Far West donde la ley está suspendida; un niño no supo encontrar el camino de vuelta, una niña fue llevada lejos.
El uso del derecho penal para regular el sexo, el género y la reproducción tiene una larga historia, pero en las últimas dos décadas, la expansión de las demandas en torno a los derechos sexuales y reproductivos y la movilización social creciente para promoverlos en todo el mundo han venido acompañadas de tensiones y contradicciones alrededor del rol de la ley penal en las vidas íntimas de las personas.
¿Cómo es habitar Buenos Aires en lo que va del siglo XXI, en especial para sectores populares que no siempre tienen asegurado el acceso a una vivienda en condiciones ambientales sanas?
El pensamiento de izquierda, dueño y portavoz de las utopías del siglo XX, parece haber perdido la capacidad de soñar, arrinconado en posiciones defensivas o nostálgicas.
The condition named Hikikomori by the Japanese psychiatrist Saito Tamaki describes the suffering of young people who withdraw from society, abandon their studies, jobs and social life to lock themselves in a room, usually at their parents' house.
The condition named Hikikomori by the Japanese psychiatrist Saito Tamaki describes the suffering of young people who withdraw from society, abandon their studies, jobs and social life to lock themselves in a room, usually at their parents' house.
Several scientists claim that the sixth mass extinction of global biodiversity is already underway, and other specialists highlight the importance of the environmental impact of human activity and propose our geological era should be given a new name: Anthropocene.